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El Consejo General asiste a las jornadas "La lucha contra la soledad no deseada en las personas mayores en España"

miércoles 11 de septiembre de 2019 CGTS

Las jornadas “La lucha contra la soledad no deseada en las personas mayores en España” organizadas por el IMSERSO en los Cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo se han celebrado del 2 al 4 de septiembre de 2019 en Santander.

El Consejo General de Trabajo Social ha asistido a las jornadas donde estaban presentes distintos expertos y personalidades, entre otras, la Secretaria de Estado en funciones del Ministerio de Bienestar, Sanidad y Consumo , Ana Lima; Matilde Fernández, exministra de Asuntos Sociales y Presidenta de honor de la Asociación Estatal contra la Soledad; Pilar Rodríguez, presidenta de la Fundación Pilares; Manuel Martínez Domene director del IMSERSO y Gustavo García Ramírez de la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, entre otros.

La Secretaria de Estado en funciones del Ministerio de Bienestar, ha expuesto a lo largo de estas jornadas la necesidad de crear una estrategia de Estado para afrontar la soledad de las personas mayores desde una perspectiva “global, integral, transversal y liderada por los Servicios Sociales”.

Esta estrategia debería llevarse al Consejo Territorial de la Dependencia y Servicios Sociales, y ser consensuada y aprobada por todas las comunidades autónomas, así como participada por todos los agentes sociales.

Durante el encuentro se ha debatido sobre el fenómeno de la soledad no deseada en las personas mayores y como ésta es percibida como uno de los grandes problemas que están presentes en nuestra sociedad, pero no debe asociarse únicamente al envejecimiento, ya que esta situación se manifiesta en diferentes sectores, contextos, ciclos vitales, etc.

La soledad es una situación más que un problema que afecta a la salud de toda la población, aunque sí es más relevante en personas mayores. Según estudios recientes, el 57% de la sociedad manifiesta que se siente solos y en 2060 una de cada tres personas será mayor de 65 años.

Cuando se habla de soledad no se debe entender como un concepto cerrado, se puede hablar de soledad social que hace referencia al sentimiento de pertenencia a una red o grupo, la emocional que afecta a la falta de relaciones, y a partir de ahí se determina el grado de soledad de la persona. Se empieza a hablar de ello abiertamente porqua hasta ahora se diluía y se analizaban más las consecuencias, olvidando la prevención e intervención.

El mayor fenómeno que afecta a la soledad es la exclusión social, pero ésta es invisible, su intervención es compleja, integral y no lineal. Además, se tiene que tener en cuenta que siempre debe ser la persona la que decida como afrontar su proyecto de vida, siendo los Servicios Sociales los que deben ofrecer los planes de apoyo para su intervención.
La intervención sobre la soledad debe ser localista y dirigirse al ámbito más próximo, en los barrios y pueblos con estrategias diferenciadas entre el entorno rural y urbano, y teniendo presente que la soledad debe ser enfocada a través de compañía no sólo de servicios y programas. Se deben orientar las políticas sociales a la construcción de trabajo y residencias comunitarias, además de fomentar el establecimiento de redes vecinales colectivas, de voluntariado, etc.

A lo largo de las jornadas se expusieron diversos proyectos y buenas prácticas donde se incidía desde diversos enfoques en la necesidad de establecer políticas preventivas de proximidad, nuevas tecnologías, proyectos de coordinación sociosanitaria, etc.

Todas las experiencias establecían como objetivos para atajar la soledad, acciones que fomenten la socialización y motiven la salida al entorno social con la implicación del tejido comunitario.

Sin duda, estos encuentros permiten visibilizar esta situación que afecta a toda la sociedad, generando sinergias y buenas prácticas que permitan establecer estrategias para abordar desde lo más próximo la soledad en nuestro país.

Desde el Consejo General reivindicamos la necesidad de que el Trabajo Social recupere su espacio de trabajo comunitario, que permita afrontar desde la personalización, la atención centrada en la persona, así como la proximidad y los vínculos necesarios para afrontar la soledad.

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