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“¿DÓNDE EMPIEZAN LOS DERECHOS HUMANOS UNIVERSALES? EN PEQUEÑOS LUGARES, CERCA DE CASA”.

jueves 10 de diciembre de 2020 Ana Martínez Rodero

Os presentamos el artículo elaborado por la colegiada Comisión de Servicios Sociales del Colegio de Trabajo Social de Jaen con motivo de la celebración del Día de los Derechos Humanos.

“¿DÓNDE EMPIEZAN LOS DERECHOS HUMANOS UNIVERSALES? EN PEQUEÑOS LUGARES, CERCA DE CASA”.

El 10 de diciembre se conmemora el Día de los Derechos Humanos, ese mismo día, pero del año 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Una de las principales impulsoras del documento y entonces presidenta de la Comisión de Derechos Humanos fue Eleanor Roosevelt, en palabras suyas:“¿Dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa”. Nuestra sociedad, inmersa en una “Segunda Modernidad”, término que acuñó Ulrich Beck, está cada vez más regida con criterios de individualidad, y con ciudadanos y ciudadanas más individualistas, hecho que alcanza incluso a quiénes viven en los medios rurales más tradicionales. Esta sociedad nuestra, presenta su cara más furibunda: fuerte envejecimiento, una demografía desigual, pérdida de la competitividad de la agricultura e industria, rentas cada vez más bajas, precarización del mundo laboral y un progresivo desmantelamiento de servicios, también los públicos; una realidad que conocen muy bien los y las profesionales del Trabajo Social.
Cada vez son más las personas mayores, y con edades más avanzadas, que viven en una verdadera situación de soledad y fragilidad. En muchos casos rozando casi el desamparo. Ciudadanos y ciudadanas que a pesar de todo, manifiestan su voluntad de que la vida merece la pena ser vivida en su entorno, en su casa.La aprobación de“Ley de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia”en el año 2006, marcó un hito histórico en la política social y en los Servicios Sociales, y hoy por hoy, posibilita a muchas personas mayores permanecer en su entorno más tiempo y con mayor bienestar. Pero los recortes de estos últimos años, de manera más significativa a partir del 2012, ha tornado el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia claramente asistencialista, precarizando el proceso de atención y desdeñando la promoción de la autonomía. La escasez de una red coherente de recursos y programas de apoyo, tanto para las personas dependientes, como para quiénes cuidan, sigue fijando aún más a las cuidadoras informales, a menudo del ámbito familiar, a desempeñar esta función. Mujeres que se ven presionadas a desempeñar un rol tradicional, y que se les impone, casi como un deber moral; con escaso tiempo para sí mismas o para cuidarse, y con muy poco reconocimiento social, sobre una cuestión que debiera ser tan importante en una sociedad, como son los cuidados.
Los trabajadores y trabajadoras sociales, desde los Servicios Sociales Comunitarios, son testigos de la odisea que supone el proceso de reconocimiento del grado y el acceso a recursos del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia. Ambos procedimientos pueden llegar a demorarse casi dos años. Existe un cuello de botella, fruto del desequilibrio tan enorme, entre la ciudadanía que quiere acceder al sistemay la dotación del mismo.Los principales afectados: las personas más dependientes, y con menos recursos económicos. El propio Ministerio de Derechos Sociales reconocía este año que fallecen una media de 106 personas al día, a la espera de poder empezar a recibir recursos y servicios a los que tienen derecho. De la misma manera, desde que vivimos bajo la pandemia del COVID-19, se han perdido según el Observatorio Estatal de la Dependencia, unas 23.000 plazas de ayuda a domicilio, residenciales y de centros de día.
Es necesario que se dote al sistema con los recursos que hacen falta para cumplir con la “Ley de Dependencia”. Se impone superar un modelo de Servicios Sociales y Dependencia basado en el enfoque de necesidades, por otro, que se sustenteen los derechos de ciudadanía.Y es imprescindible que quiénes nos gobiernan apuesten realmente, no sólo sobre el papel, por hacer real el derecho subjetivo a los Servicios Sociales. Muchas de las personas que optan a algún recurso del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, en su gran mayoría, son personas mayores que tenemos que atender de forma integral y cohesionada, de maneraque no queden en una suerte de desamparo institucional. El desvanecimiento enmascarado del Estado Social, nos hace más frágiles, vulnerables y precarios. Por eso, en un día como hoy,el Trabajo Social, que tiene como marco ético los Derechos Humanos, y que se sitúa a menudo “en las fronteras de lo social” y allí donde verdaderamente impactan las políticas públicas, se hace más imprescindible que nunca.En última instancia, se desenvuelve en un medio complejo y nada fácil: donde convergen los miedos y anhelos de las personas, con todo aquello que es una obligación social y un derecho irrenunciable.

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