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La deontología es uno de los fundamentos de la existencia de las organizaciones profesionales, ya que sirve de guía para procurar la excelencia profesional y evitar la mala praxis.

El Consejo General del Trabajo Social ha venido utilizando, sin perjuicio de los diferentes códigos deontológicos que los colegios profesionales de cada Comunidad Autónoma haya podido desarrollar (CAPV/EAE), el código deontológico aprobado en Asamblea General de Colegios Oficiales de mayo de 1999, como guía para resolver los problemas éticos y deontológicos en el ejercicio de la actividad profesional.

Tal y como ha reconocido el Tribunal Supremo las normas deontológicas de los colegios o consejos profesionales determinan obligaciones de necesario cumplimiento por los colegiados/as y responden a la potestad publica que la Ley devenga a favor de estas organizaciones para ordenar la actividad profesional, velando por la ética y dignidad profesional y por el respeto debido a los derechos de la ciudadanía. Por ello, se debe ejercer la facultad disciplinaria en el orden profesional, intentando evitar comportamientos contrarios a la excelencia profesional, de ahí su función preventiva y didáctica.

El desarrollo de nuestra profesión a lo largo de estos años, puso de manifiesto la necesidad de adaptar el código deontológico a las nuevas realidades sociales, a los nuevos usos de las tecnologías de la información y la comunicación y a las nuevas circunstancias legislativas del siglo XXI. Por ello, desde el Consejo General del Trabajo Social se creó una Comisión Deontológica en mayo de 2010 con el objeto de iniciar la actualización de las normas deontológicas adecuándolas al reflejo de la realidad de la práctica profesional.

En noviembre del año siguiente, se presentó un borrador del nuevo Código Deontológico a la Asamblea de Colegios Oficiales de Trabajo Social para que fuera sometido a la opinión general del colectivo profesional con el objetivo de asegurar que el documento resultante tuviera un alcance lo más amplio posible.

Podemos afirmar que la participación de los colegios profesionales en este proceso ha sido modélica, no sólo por el alto nivel de participación que supuso presentar a la Comisión más de trescientas aportaciones, sino por la calidad del análisis contenido en las mismas, que se ha realizado a través de grupos de trabajo de ética o de los representantes elegidos por ellos.

Finalizado este proceso, queremos agradecer las valiosas aportaciones recibidas, muchas de ellas reflejadas en el presente documento, resultado del máximo consenso, después de realizar un profundo análisis de la realidad del nuestra organización y su entorno. No podría ser de otra manera, ya que contiene los valores, principios y normas que han de guiar el ejercicio profesional del conjunto de profesionales del trabajo social.

Así el Consejo General se encargará de dotar a este código de la suficiente difusión y publicidad para que sea conocido no sólo por profesionales del trabajo social, sino por las instituciones y por la sociedad en general, ya que la excelencia profesional supone una garantía para todos ellos.

Para cimentar nuestro êthos hemos necesitado muchas manos, este código puede ser nuestra segunda morada, habitada desde la esencia de los principios, valores, derechos, deberes y saberes del trabajo social.

Ana I. Lima Fernández

Presidenta del Consejo General del Trabajo Social